Mariadeflor

Wednesday, April 19, 2006

LA LAVANDERA.


Con los ojos semicerrados y a tientas
para que el sol no dañe sus ojos,
la mujer alza sus manos violetas
sobre la cuerda que ondea al viento.

Una a una coge las sábanas recién lavadas,
que parecen enormes gaviotas;
y con más delicadeza aún
captura los blancos pañales,
sobre los cuales se quedó el alba
con sus alas de mosaicos brillantes.

La tarde apremia y el planchado apura.
Los carbones ruborizan la vieja plancha de hierro
que ella agita como si fuera un incensario.
Sus pensamientos van y vienen
con cada movimiento del pesado objeto.

Casi de noche, a la oración,
toma el camino del pueblo.
Erguida, con el bulto de ropa sobre la cabeza,
camina cual modelo en una pasarela,
animada por la ovación de los juncos a su vera.

Y mientras avanza, sonríe,
cansada, pero agradecida.
Por medianoche, si Dios quiere,
habrá pan y leche para su niño.
Y para su marido,
cuando llegue del campo,
sopa caliente
y un vaso de vino.

Maríadeflor

1 Comments:

  • At 5:58 PM, Blogger donaire said…

    Ambiente pintoresco en un dia cotidiano lleno de faenas domesticas siendo este llenado de cariño y dedicacion notandose el orgullo de su labor y su proceder humilde...

     

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