Mariadeflor

Friday, May 12, 2006

SUEÑO


Aún sobrevive

el calor de su gabán en mi mejilla

y el suave murmullo de su corazón

danzando en mi oído.

Enfundado en la vestimenta su abrazo

fue ala soleada contra el frío

y escudo protector de las espinas del viento.

Las agitadas olas grises

y el barco solitario

meciéndose ante nuestros ojos,

permanecen enmarcados

como un maravilloso óleo

en la pared de mi recuerdo.

Y allí...

parados al borde del muelle,

el poeta me enseñó que un verso

puede gritar desde el silencio,

y enraizarse en la roca

o en lo étereo de algo tan simple

como este sueño.

Maríadeflor

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