Mariadeflor

Sunday, July 16, 2006

MIS POEMAS: TEMO A LA NOCHE.

TEMO A LA NOCHE
Temo a la noche
y al campanilleo acelerado
de la palabra mentira en mis sienes.
Combaten con el sueño el engaño, el desprecio, la ausencia
y los demonios noctámbulos ríen en el dintel de la puerta
desplegando sus enormes alas
mientras saborean las vueltas y vueltas de mi cuerpo insomne.
Entonces oro y reniego de la palabra rencor,
diluyo en mis lágrimas el sentimiento vil que me ronda,
pero una voz me replica que no sirve ser buena,
que no paga la honestidad.
Me dice que no me guarde para otro mundo,
que no existe tal promesa,
que los dioses son hombres y los hombres mienten;
me dice que abandone mi castillo de sueños y vea la realidad.
Las manos de la oscuridad me muestran en sus palmas
el mundo que no quiero ver:
el hambre, la miseria en las calles y la diferencia de clases,
que a pesar de los discursos socialistas se agranda más y más.
No quiero ver más tristeza que la mía.
No quiero otro sufrimiento más que el mío.
Pero mi alma se desprende y sale a vagar en soledad,
abusa de su condición de invisible
y me lleva por los recovecos que he soslayado a propósito:
el hogar del pobre bajo los puentes,
el drogadicto que no tiene más conciencia que su necesidad de droga,
el asaltante intimidando al caminante solitario,
el artista prodigioso que el dinero convirtió en bufón,
el publicista mercenario que afea los muros,
una anciana que empuja un carro lleno de cartones
y una prostituta (convertida en "señora" por milagro de su belleza),
que observa a la anciana, sin piedad ni asombro, más bien con desprecio,
aunque las dos están ebrias: una de vanidad y la otra de desesperanza.
Intento volver a mí misma, pero me detiene la noche.
La impotencia me humilla.
¿Cómo puedo querer cambiar el mundo
si ni siquiera soy capaz de cambiar mi mundo?
¡Ah! Si el hilo de plata se cortase
y una lágrima de caucho pegase para siempre mis ojos,
vendría la noche eterna con sus demonios eternos
a repetir mil veces ¡miente! ¡miente!.
No quiero oírlos. ¡No quiero!
Dios extiende su dedo luminoso.
Tendré paz por unas horas.
Maríadeflor

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